Comida caduca, ropa vieja, trajes de baño… en la emergencia de los sismos de septiembre 2017 también fallamos

POR ERNESTO AROCHE (@earoche) y MAYRA ZEPEDA (@mayra_zepeda)

11 SEPTIEMBRE 2019

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Después del sismo de 19 de septiembre de 2017, la emergencia no cedía en la comunidad mixteca de Tepapayeca, Puebla. Se necesitaban alimentos y material de construcción con urgencia, así que cuando los paquetes con ayuda comenzaron a llegar, Gabriela Bejarano respiró tranquila.

Sin embargo, lo que encontró al abrir uno de los costales que el albergue recibió fue ropa para perros. Y para razas pequeñas, como Chihuahua.

Primero pensó que, quizá, se trataba de una confusión, pero al abrir el siguiente paquete y escarbarlo notó que solo había disfraces y ropa de fiesta.

Hasta esa comunidad enclavada en la mixteca poblana, cercana a la zona del epicentro del sismo que reventó al centro del país hace dos años, también llegó un colchón lleno de chinches que tuvieron que quemar para evitar que se propagaran los parásitos.

El caso de Tepapayeca no es la excepción. Comunidades de la sierra Mixe y del Itsmo de Oaxaca, así como regiones de Morelos cuentan historias parecidas de donaciones que, lejos de mitigar sus necesidades en la emergencia, se volvieron un problema.

Comida caduca, medicamentos con fecha de expiración vencida, ropa en condiciones deplorables y no apta para sus comunidades como zapatillas, vestidos de noche, de fiesta de 15 años, y hasta trajes de baño.

Animal Político visitó localidades en Morelos, la sierra Mixe y el Istmo en Oaxaca y la mixteca en Puebla recogiendo testimonios de las donaciones fallidas: latas de atún en San Mateo del Mar, una comunidad que vive 70% de la pesca; litros y litros de agua en Santiago Zacatepec, en donde la red de agua potable está conectada a tres manantiales que se alimentan de los escurrideros de la sierra; sopas para horno de microondas en localidades mixes en donde no tienen ni luz eléctrica.

Y lo que las comunidades necesitaban para sobrevivir la emergencia… fue lo que no llegó en donación.

En Huejotengo, Morelos, por ejemplo, Violeta Rivas cuenta como tenían “todo para cocinar, pero nada de combustible porque nadie donaba gas ni leña”.



Violeta, junto con otras mujeres que se agruparon en la organización “El sueño de Huejotengo”, fue pieza fundamental en la instalación del albergue y la posterior reconstrucción del pueblo morelense.

Para la comunidad de Santiago Zacatepec, en Oaxaca, los alimentos no eran urgentes, pero recibieron por montones. “Necesitábamos material de construcción y eso no llegó”, dice Marta Cruz Hernández, titular de la instancia municipal de la mujer.

En la sierra mixe de Oaxaca abundaron “alimentos ajenos a la cultura”: cajas y cajas con sopas para preparar en horno de microondas bajo el argumento de que se trataba de atender la emergencia, pero sin claridad de quién iba a recibir la ayuda, dice Bernardo Rodríguez Alamilla, defensor de los derechos humanos.

/Disfraces y abrigos complicaron el trabajo

La ropa se convirtió en un problema de tal magnitud en Tepapayeca, Puebla, que fue una de las razones por las que se resquebrajó la organización comunal que se logró para atender la emergencia. Llegó tanta, que la única opción para acomodarla fue desalojar a la gente de un espacio que se había habilitado como dormitorio.



Cecilia Torres Molina, vocera de la organización comunal que se formó en Tepapayeca para atender las emergencias tras el sismo del 19 de septiembre, cuenta que incluso quemaron las prendas para evitar plagas.

Una ropa que, dice, ni pidieron y tampoco necesitaban: abrigos para una región en donde la temperatura promedio anual es de 23 grados, con picos de hasta 30 grados en septiembre, octubre y diciembre.

“Sí, el tema de la ropa fue algo terrible —cuenta Gabriela Bejarano, responsable del albergue comunitario que se instaló en esta zona mixteca e integrante de la colectiva Mujeres de la Tierra y el Sol—. Es algo que a mí hasta la fecha me cuesta trabajo entender, esa otra cara de los donativos. Que sí, es verdad, hubo mucha solidaridad, y que fue el pueblo quien levantó al pueblo en Tepapayeca, pero esta otra cara es muy triste, nosotros fuimos muy específicas en lo que necesitaba el pueblo: alimentos y material de reconstrucción. Yo no sé por qué en el imaginario de la gente fue que, claro, la comunidad necesita ropa y nos empezó a llegar ropa”.

Y en la montaña que les llegó incluso se encontraron con vestimenta para perro de razas pequeñas: “Eso es algo muy urbano, sabes, en la comunidad la gente ni tiene ese tipo de perros, y aunque los tenga jamás los anda vistiendo”.

“Nos llegó otra bolsa enorme de disfraces, que dijimos ¿y esto cómo para qué? Ropa interior, así calzones usados, que yo dije: Dios mío, ¿en qué momento creyó la gente que somos el bote de basura o el depositario de su falsa caridad, que esto es una cuestión de lástima?”

Como en Tepapayeca, la comunidad de Huejotengo en Morelos también recibió prendas absurdas como zapatillas, trajes sastre y vestidos de noche, además de ropa sucia o en mal estado.

Esta ropa “se convirtió en basura porque nadie la necesitaba”, cuenta Violeta Rivas. “Quizá tú quieres donar, pero no haces primero un análisis de lo que realmente necesita la gente; más bien limpias tu clóset y mandas lo que ya no necesitas”.

Sí, algunas zapatillas eran muy bonitas, dice Violeta, “pero si no tienes casa, ¿dónde las vas a guardar o en qué momento las vas a utilizar si estás ocupada en la reconstrucción de tu hogar?”.

Donar este tipo de artículos, además de absurdo, complica el trabajo que se realiza durante y después de la emergencia.

En Ixtepec sucedió. “Cuando nos dimos cuenta que esa ropa se debía clasificar, tuvimos que dedicar muchísimo tiempo a hacerlo”, cuenta Nashieeli Valencia, gestora comunitaria e integrante del Comité Ixtepecano en Defensa de la Vida y el Territorio.

/ De la emoción a la decepción

Cuando las mujeres de “El sueño de Huejotengo” vieron que en las donaciones había cajas y cajas de medicamentos, se emocionaron.

La felicidad duró poco. Pronto se dieron cuenta que muchos medicamentos habían caducado hacía tres o cuatro años. “Del 100% del medicamento que llegó, a lo mejor teníamos que desechar el 70%”, dice Yeni Lara, otra de las fundadoras del grupo de mujeres que lideró la reconstrucción de Huejotengo.



“Tú te deshaces de los medicamentos que ya no necesitas. Cambias de botiquín, pero mientras haces eso no te enfocas en lo que la gente realmente necesita”, agrega Violeta Rivas.

Lo mismo pasó en Tepapayeca. Gabriela Bejarano cuenta que en el albergue recibieron muchísimo medicamento, pero mucho ya estaba caducado. En algunos casos hasta con cuatro años.

Recibieron, al menos, “10 cajas de huevo, esas grandes”, con medicamento inservible.

Y cuando el albergue cerró, la asamblea del pueblo decidió mandar los medicamentos a la Casa de Salud de la localidad, “pero la promotora de salud no los quiso recibir”.

Ante la negativa, y al no saber qué hacer con esa donación, una de las mujeres del pueblo ofreció guardarlos en su casa y ahí la tuvo durante un año hasta que el gobierno municipal aceptó hacerse cargo del asunto, según Bejarano.

“Cuando quisieron deshacerse de la medicina caducada, la Secretaría de Salud del estado estuvo a punto de multar al municipio por (tener) medicina sin utilizar”.

/ Donar mal y sus consecuencias

En San Mateo del Mar, Oaxaca, no solo tuvieron que pensar qué hacer con la enorme cantidad de latas que recibieron aunque son una comunidad de pescadores que nunca se enfrentaron a la falta de alimentos, también tuvieron que lidiar con la basura que se generó por esas donaciones y la de los pañales desechables que llegaron.

Laura Fiallo, integrante de la organización Monapaküy, explica que la comunidad no estaba preparada para recibir tanto plástico ni tratar con tanta basura, y como resultado, las lagunas y las calles se contaminaron.

“Sí vivimos mucha contaminación en las lagunas después del sismo. Eso nos preocupa porque acá vivimos del mar y la pesca”.



En Tepapayeca también se enfrentaron a toneladas de basura, pero pudieron atender el problema creando brigadas de recolección y reciclaje. Recopilaban y vendían el cartón y el plástico y con ello compraban tortillas para la cocina comunitaria.

Tras la destrucción que dejaron los sismos de septiembre 2017, estas comunidades se organizaron para enfrentar la tragedia y salir adelante, pero en su lucha, también tuvieron que lidiar con este tipo de donaciones fallidas que más que ayudar, implicaron un problema más.

Las voluntarias tienen claro que las donaciones se hacen de buena voluntad y con todo el corazón, pero tras la emergencia, también consideran necesario que la ciudadanía aprenda a donar y no confunda una donación con dar “lo que te sobra”.

“Si vas a donar, no dones lo que ya no te sirve, sino lo que realmente consideres que tú te pondrías o tú necesitarías en una situación como la que nosotros pasamos”, dice Yeni Lara de “El Sueño de Huejotengo”.

¿Qué sí es una buena donación y qué deberíamos saber antes de donar? En Animal Político también nos dimos a la tarea de investigarlo: hablamos con organizaciones y expertos en distribuir ayuda humanitaria.

Lee la siguiente entrega de este reportaje: De la donaciones fallidas a las acciones que sí ayudan, ¿cómo apoyar en y tras la emergencia?