Mujeres de Huejotengo tomaron picos y palas para reconstruir sus hogares tras el sismo

POR MAYRA ZEPEDA (@mayra_zepeda)

12 SEPTIEMBRE 2019

Las mujeres del municipio tomaron las riendas de la reconstrucción y demostraron que pueden realizar cualquier trabajo, igual que los hombres.

/ / / /

La devastación que dejó en Huejotengo, Morelos, el sismo del 19 de septiembre de 2017 trajo para las mujeres de la comunidad una oportunidad.

Cuando los hombres que iniciaron las labores de reconstrucción tuvieron que volver a sus labores cotidianas, estas mujeres se dieron cuenta que debían tomar las riendas para levantar de los escombros a su pueblo.

Y, de paso, dejar atrás la idea de que existen actividades reservadas solo para hombres.

Santa Solórzano, Yeni Lara, Judith Jiménez y otras mujeres formaron el grupo “El sueño de Huejotengo” por necesidad y la urgencia de volver a tener un techo para sus familias.

Cuando ya estaban involucradas en la reconstrucción del pueblo, “muchos señores llegaban y decían: ‘Ustedes no pueden hacer esto; nosotros lo vamos a organizar’”, cuenta Santa Solórzano. “Y dijimos: ‘Momento, nosotras también estamos aquí, también tenemos voz y voto, nosotras también lo podemos hacer’”.

Y lo hicieron.



Lo más importante para ellas era devolver la vida a la comunidad y para lograrlo lucharon contra sus propias costumbres y los estereotipos de género que, cuentan, siguen muy arraigados en la región.

“Huejo sigue siendo un pueblo tan machista”, dice Yeni Lara, “que cuando te metías a un salón con dos o tres hombres -para hacer un inventario de los materiales de reconstrucción o los víveres del albergue-, las personas -hombre y mujeres- te miraban raro al salir”.

Al principio, los esposos de Santa, Yeni y Judith también participaron en las labores de reconstrucción del pueblo, pero pronto se desentendieron para volver a sus trabajos.

Quedar solas al frente de la reconstrucción de sus hogares significó lidiar con albañiles y otros hombres que no tomaban en cuenta sus opiniones o dudas por el simple hecho de ser mujeres, explica Judith mientras muestra una de las paredes de ladrillo que levantó junto con sus compañeras, cosa que jamás creyó posible “por ser debilucha”.

Santa Solórzano cuenta que en Huejotengo las mujeres “no pueden contratar a un albañil y hablar con él porque se ofenden”.

“Tú no puedes mandar a un hombre, aunque tú le estés pagando”, agrega. “Para ellos, la comunicación es con hombres y solo con hombres”.

Con el tiempo -y mucho trabajo-, este grupo de mujeres demostró que ninguna actividad tiene género; que pueden tomar una pala, preparar mezcla de cemento, levantar casas y pintarlas; que es posible aprender a cortar y lijar madera para hacer camas y roperos; y, sobre todo, que tienen voz y merecen ser escuchadas.

“Lo que nos ha mantenido es el atrevernos a hacer las cosas y el confiar en nuestras capacidades y nuestra unión; no nos han logrado desestabilizar ni nuestros maridos, ni familiares, ni la gente del pueblo”, cuenta Yeni orgullosa, quien además de liderar “El sueño de Huejotengo”, está a punto de ser madre.



/ Después del sismo, la ayuda y el trabajo en equipo

Cuando el temblor comenzó a las 13:14 horas, los habitantes de Huejotengo no le dieron demasiada importancia y la razón es simple: esta comunidad de poco más de mil habitantes está a 12 kilómetros del Popocatépetl, por lo que están acostumbrados a convivir con sismos volcánicos.

Pero el del #19S no fue algo “cotidiano”. Este sismo dejó a decenas de familias sin hogar y obligó a la comunidad a organizarse, establecer un albergue en la cancha de básquetbol del centro del pueblo para apoyar a damnificados y buscar formas para reponerse de la tragedia.

Con el apoyo de jóvenes brigadistas y voluntarios que llegaron desde la Ciudad de México, la comunidad de Huejo comenzó a remover escombros, recuperar pertenencias, distribuir víveres y alimentar a los damnificados.





Una de las voluntarias fue Elain Salazar, estudiante de la Universidad Iberoamericana que se unió a una brigada de jóvenes para ofrecer apoyo a comunidades afectadas por el sismo fuera de la capital mexicana.

Entre escombros, bajo la lluvia, casas de campaña y mesas con medicinas, ropa y comida, Elain y otros brigadistas empezaron a trabajar con Yeni, Judith, Santa y más hombres y mujeres que se esforzaban por levantar al pueblo después de la tragedia.

/ Poder femenino en Huejotengo

Con la convivencia en el albergue y el trabajo en conjunto nació Ayok, una asociación civil formada por brigadistas —entre ellas, Elain— que dieron talleres sobre cómo construir casas con adobe resistentes a los sismos, además de albañilería, carpintería y otros oficios necesarios para reconstruir los hogares de la población de Huejotengo.

Con la guía de Ayok y el programa Mujeres Reconstruyendo sus Comunidades de Fondo Semillas, Yeni, Santa, Judith y más mujeres crearon “El sueño de Huejotengo”, grupo que, a la fecha, está activo y promueve con éxito proyectos productivos para la comunidad.

“Nos dimos cuenta que podíamos apoyarnos entre mujeres. Necesitábamos saber pedir, exigir las cosas. ¿Y cómo? A través del conocimiento y la organización”, cuenta Elain Salazar en medio de la cancha de básquetbol que un día fue albergue y que hoy cuenta con un mural que representa la identidad de Huejotengo tras el sismo de 2017.